Los artistas e intelectuales de los tiempos modernos consideraron al hombre como parte de un ambiente físico, reconocible y concreto, resaltando en éste su capacidad para descubrir por sí las verdades del mundo.
La idea de progreso, la expectativa de conocer la realidad sólo desde la razón, negando la existencia de un ser superior y la inmensa confianza que se tenía en las capacidades del ser humano empezó a generar una idea de verdad que ya no se alineaba plenamente con las concepciones de la Edad Media, lo que generó en Europa una discusión potente entre quienes veían la verdad ligada a Dios y quienes veían la verdad ligada a la razón pura. Esta discusión dio paso a nuevas corrientes del pensamiento: al empirismo, al idealismo inglés y al iluminismo francés, que penetró con mucha fuerza en la burguesía, sirviendo de herramienta para dar un gran giro en la historia política de Europa y de occidente.
Esta nueva concepción de la verdad tuvo, como ya hemos visto, grandes influencias en la concepción de los otros dos valores: bien y trascendencia.
Respecto a la trascendencia, hemos señalado el abandono de la postura teocentrista a favor de la antropocéntrica, el vuelco a la experiencia religiosa subjetiva propiciado por el protestantismo, así como la pérdida de la unión ideal de los estados cristianos en torno a una fe común. Por otro lado, el avance de las ciencias empíricas postulaba aún un Dios entendido como Origen último de todo, pero al estilo de un relojero que programara una máquina y luego la echara a andar sin intervenir en su desarrollo y funcionamiento. Esta visión mecanicista que se empieza a extender pugnaba con la concepción clásica cristiana de un Dios Padre providente que gobernaba el mundo en todo momento e intervenía en él para el bien de sus criaturas, como es el ejemplo de la Encarnación del Hijo de Dios en el tiempo para la salvación del género humano. Frente a este alejamiento, parece que al hombre moderno sólo le queda un camino para conocer a Dios: el de la fe, opuesta a veces a los avances y conocimientos racionales. De nuevo fe y razón, después de ir a una en la cultura medieval, se separan, y el hombre moderno empieza a vivir también dividido en su interior. Esta postura fideísta generó el secularismo por el que toda referencia a Dios se dejaba fuera del ámbito social y se recluía a lo privado.
Sin embargo, este conjunto de cosas provocó una reacción dentro de la Iglesia Católica: lo que se denominó globalmente como la Contra Reforma. Así fue como los siglos XV-XVI y XVII fueron testigos de un despertar de la fe a través de la aparición de nuevas órdenes religiosas (como la fundada por Ignacio de Loyola) y el surgimiento de constelaciones de santos que le han dado al siglo XVI el nombre de Siglo de Oro (Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Juan de Ávila, Pedro Canisio, Francisco Javier, etc.). Asimismo, el descubrimiento de nuevos mundos generó un amplio movimiento de evangelización que supuso una revitalización de la vivencia de fe.
La progresiva subjetivización de la verdad llevó consigo una generalizada y paulatina subjetivización del valor del bien. La conocida sentencia sofista de Protágoras de que “el hombre es la medida de todas las cosas” fue tomando cada vez más cuerpo en estos siglos. La idea motriz del bien común, como elemento confluyente de toda la sociedad, empezó a perder fuerza a favor del bien individual. El mismo alejamiento del Dios providente fue debilitándolo como referente último y universal del comportamiento moral. La ley moral natural iba perdiendo fuerza al someterle al dictado y juicio de la conciencia moral individual sin más referente que ella misma. Baste nombrar la causa de la separación de Enrique VIII, rey de Inglaterra, de Roma y el surgimiento del anglicanismo (como veremos con detalle con el personaje de esta época). El mismo principio enunciado por Maquiavelo, aunque escandaloso en su época, iba adueñándose de muchas mentes. El perderse el referente objetivo del bien –bien honesto-, se acentuaron más las otras dos facetas del bien, en cuanto útil y en cuanto deleitable.
En la Edad Media se consolida la Fe y la Razón en la base lo que nos lleva al amor. ¿Donde mas se encuentra este principio?
miércoles, 4 de junio de 2008
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